El feminicidio íntimo en el Perú constituye una expresión extrema de la desigualdad de género y se explica por la interacción de factores individuales, relacionales, comunitarios y estructurales. Los estudios nacionales muestran que las personas agresoras presentan antecedentes de violencia, consumo de alcohol o drogas y ocupaciones precarias, mientras que las víctimas suelen ser mujeres jóvenes, con antecedentes de violencia y creciente autonomía económica. En el plano relacional, el feminicidio emerge como culminación de un proceso de escalamiento marcado por el control coercitivo y los celos, desencadenado por la ruptura o la denuncia. A nivel comunitario, la tolerancia social, la precariedad económica y la inacción refuerzan la impunidad. Finalmente, en el nivel estructural, la debilidad institucional, la fragmentación de políticas públicas y los sesgos patriarcales del sistema de justicia consolidan un entorno donde la violencia letal se perpetúa.